En el 41 aniversario de Pueblo en vilo Imprimir E-Mail

En el 41 aniversario de

Pueblo en vilo

de Luis González y González

 

 

Diana Berenice Valdez Sánchez

 LIE, 2º semestre 

Junio 2009

 

El pasado mes de mayo, se cumplieron 41 años de la aparición de Pueblo en vilo, la célebre obra del historiador mexicano Luis González y González (1925-2003). El texto, considerado por muchos como el iniciador del enfoque microhistórico en México, escrito de una manera graciosa y ocurrente, muestra la manera muy peculiar de concebir y practicar el oficio de historiar que tenía su autor. En estas breves notas, queremos hacer un homenaje a ese libro y a ese autor.

Image 

 

 

… las relaciones entre la microhistoria gonzaliana y la historia nacional no son sólo de complementariedad sino también, a menudo, de oposición.  En efecto, la historia de México vista desde San José de Gracia adquiere otro sentido y cambia radicalmente de rostro.[1] 

 

Analizamos la microhistoria contenida en el texto que nos ocupa en la asignatura Desarrollo Regional y Microhistoria que se ubica en el segundo semestre de la Licenciatura en Intervención Educativa que ofrece la Universidad Pedagógica Nacional y al hacerlo no sólo conocimos una excelente  microhistoria del pueblo de San José de Gracia, hoy municipio michoacano de Marcos Castellano, de donde Luis González era originario, sino que también descubrimos una magnifica obra literaria en la que se reúne algo de monografía local, de historia oficial nacional y de historia universal.
 

          En ese juego de niveles históricos, el historiador analiza los fenómenos microhistóricos suscitados en San José de Gracia que son vividos por sus pobladores y los compara con los relatados por la historia nacional.  Por ejemplo, para el caso de la Revolución Mexicana, desmiente los acontecimientos heroicos con que la historia oficial ha enaltecido a los personajes revolucionarios, presentando los sentimientos que han quedado vivos entre los josefinos, como se llama a los habitantes de San José de Gracia, que calificaban a los revolucionarios como bandoleros y asaltantes. Con esta tarea, cumple con uno de los propósitos de la microhistoria: confrontar los supuestos de las historias generales con los acontecimientos de lugares concretos para aportar a la reescritura de la historia o a su complementación.

 

          Otro de sus objetivos es el de dar una visión general y unificada de los diversos contextos que integran la vida social, recogiendo las experiencias de los pobladores presentes y pasados y mostrando cómo los hombres no separan sus  prácticas demográficas de sus creencias  religiosas, sus prácticas económicas   de sus ideales principales o sus prácticas políticas de sus relaciones familiares y personales. Con estos elementos, se comprenden mejor las relaciones concretas que se dan entre varios fenómenos desde la interpretación que las personas le dan a su momento histórico. Unas personas que vivían en un pueblo en vilo, es decir sujetas a grandes y constantes cambios.

          Pero, ¿qué ha tenido de especial San José de Gracia como para que un historiador como González, además del cariño a su “terruño”, le haya dedicado semejante obra? Él considera que por el tipo de contexto que refleja exclusivamente ese pueblo -ya que varios acontecimientos particulares sólo ocurrieron en él-, éste es un pueblo diferente a los demás del Estado de Michoacán.  Su  tipicidad radicó en su fuerte aislamiento: no estuvo inmerso en las principales vías de comunicación colonial y decimonónica, en los movimientos revolucionarios y en la gran transformación que sufrió el país durante esa época.  Éstas son las características que diferencian a San José de Gracia de los pueblos aledaños.

          Al principio, San José de Gracia estaba integrado por una mínima población: antes de la Revolución Mexicana tenía tan sólo 3,000 habitantes, lo que lo determinó como “pueblo”. Pero sucesivas transformaciones fueron cambiando radicalmente la vida de sus habitantes.  Con el paso del tiempo, las técnicas agropecuarias, por ejemplo, reforzaron los lazos económicos del pueblo con el resto del país, promovieron la migración a Estados Unidos y trastocaron las mentalidades de sus pobladores.  También con el paso del tiempo San José de Gracia fue testigo de los diversos sucesos, como los enfrentamientos revolucionarios y los considerables movimientos migratorios que provocaron inestabilidad y un gran crecimiento de la población de alrededor de 8,000 individuos pero que, conforme a las migraciones, se incrementaba o se disminuía constantemente. Otra vez San José convirtiéndose en un pueblo en vilo.   

 

          Pero esa tipicidad, no era totalmente una característica típica propia del pueblo y por eso González justificaba un estudio de este tipo sobre San José de Gracia porque este pueblo era, a la vez,  la representación de un conglomerado de otras vidas de pueblo, o sea, “…representa una porción amplia del subconsciente nacional…”[2]. Ése es el motivo por el que González toma este sector provinciano como un asunto de estudio histórico.

 

          ¿Cómo organizó González su microhistoria? El historiador entabla, en cada capítulo de su libro, un enriquecedor diálogo entre la historia de San José de Gracia y la historia nacional, tejiendo las complejas interacciones a que nos hemos referido, entre lo local, lo regional y lo nacional. Para ello acude, como se puede inferir tanto del  índice como del contenido del libro, a la presentación cronológica de los sucesos.

          La organización lógica es la siguiente: división en tres apartados fragmentados en partes.

          En el primer apartado, la parte 1 corresponde al Prólogo, en el cual  explica la metodología y las técnicas empleadas para la realización de la microhistoria y detalla el motivo y finalidad por el cual la realizó.

            La parte 2 es denominada Tres entradas.  En ella habla acerca de la historia de México desde la conquista de los españoles en 1521 y va relacionando ese suceso, con los acontecimientos regionales ocurridos en Michoacán y sus alrededores, explicando las características de la sociedad que habitaba en ese entonces en el Estado.

          En el segundo apartado se localiza la parte central o el cuerpo de la microhistoria.  Se divide en tres partes.

          En la parte 1, llamada Medio siglo en busca de comunión,  aborda el análisis de ciertos hechos, ocurridos en el Estado de Michoacán y sus alrededores, que configuran los antecedentes de la fundación del pueblo de San José de Gracia, en la meseta de Larios. Analiza la expansión económica y demográfica de finales del siglo XVIII y la aportación de nuevos contingentes humanos a la región. Luego pasa al tema de las guerras de independencia que despoblaron la meseta una vez más y al de su nuevo repoblamiento con habitantes de la ribera del lago de Chapala, que huían de las campañas realistas de tierra arrasada. No deja de estudiar los enfrentamientos entre los liberales y los conservadores y los nuevos aportes de habitantes, hasta triplicar su población, que provocaron tales sucesos. Considera que fue durante los gobiernos de Juárez y Lerdo de Tejada cuando se consolidó la economía de la región, ya que la demanda de lana, cera, quesos y mezcal, produjo un mercado interior que hizo posible la fundación de San José de Gracia en 1883. Cinco años después, la construcción del ferrocarril México-Guadalajara, permitió a los josefinos exportar cerdo y quesos a la ciudad de México.

 

          La segunda parte, llamada Treinta años de penitencia, contiene la narración de los enfrentamientos y sucesos revolucionarios, ocurridos en el pueblo que se vio inmerso en un suceso nacional: la Revolución Mexicana (1910-1924). En este periodo, alrededor de 1918, los habitantes sufren una epidemia de influenza, a consecuencia de las incursiones de bandoleros, además de robos, violaciones y destrucciones de su pueblo y de otros aledaños. Posteriormente vienen dos revoluciones más: la Guerra Cristera (1925-1932) y  la Agraria (1933-1943).

 

          La primera tuvo un mayor impacto y fue más importante que la Revolución Mexicana para los josefinos. La persecución religiosa desatada por el gobierno de Plutarco Elías Calles, es vivida por los habitantes de San José de Gracia, como una agresión a sus formas de vida cotidiana y a sus creencias más profundas. Muchos de los habitantes del pueblo, se levantaron en armas y se lanzaron a luchar contra “el mal gobierno”. Por ello, en 1927 las tropas del gobierno de Calles incendian el pueblo.

 

          En el tratamiento de los personajes, González recupera la figura de un participante muy importante en la Guerra Cristera.  Se trata del padre Federico Cárdenas, originario del Pueblo de San José de Gracia y  miembro de la base de la institución eclesiástica que actuó como mediador cultural ante la batalla, desobedeciendo las instrucciones de sus superiores jerárquicos. Muchos años después, este mismo personaje cristero y contradictorio sería uno de los organizadores de una recepción al presidente Lázaro Cárdenas.

 

          La otra revolución, la Agraria, marcó el inicio de la corrupción, como medio de relación con los empleados del gobierno; “se puso de moda el dar mordida pa’ todo”. [3] Estos hechos le trajeron grandes repercusiones al pueblo.

 

          En la tercera parte, llamada Veinticinco años de mudanzas, habla acerca del gran movimiento migratorio y del desarrollo del pueblo, ya establecido como San José de Gracia, en los aspectos educativos, políticos, económicos, sociales, culturales, etc. Este ultimo capítulo, es un magnifico ejemplo de Antropología Cultural y su objetivo es presentar, ante los lectores de otros confines,  la diferencia cultural de los josefinos y hacerlos comprensibles, incluso para un pueblo urbano y culto.

 

          Para concluir, Luis González y González, agrega un tercer apartado denominado Tres salidas para exponer la comprobación de los datos erróneos que surgieron en el proceso del desarrollo de la microhistoria y mencionar, además, otros elementos que ayudaron para la elaboración del trabajo.

 

          Como dice Viqueira[4]: “Hemos visto que las lineales y aparentemente sencillas microhistorias de Luis González –tanto las que tratan de una localidad precisa como de comunidades institucionales– se erigen sobre la base de una original concepción de las relaciones entre lo local, lo regional y lo nacional, entre lo micro y lo macro, y de un profundo conocimiento de los métodos y teorías de la historia, que el historiador ranchero plasmó en su libro El oficio de historiar”.[5]

 

          ¿Cuál es la propuesta metodológica? El método que utilizó para la elaboración de la microhistoria es de tipo cualitativo, con un enfoque etnográfico, ya que se basa directamente en recuperar la cultura de las personas mediante  testimonios.  Paralelamente se trabaja con documentación escrita obtenida de archivos, con documentos geográficos e inclusive con restos arqueológicos.  Dado el proceso de interpretación que sigue, deducimos que utilizó un paradigma hermenéutico.

 

          El trabajo interdisciplinario a que nos hemos referido, se puntualiza a continuación.

 

·           Relaciones microhistoria-historia general. Como método historiográfico, relacionó la microhistoria con la historia al momento de vincular el suceso local con la historia nacional, base sobre la que debe sustentarse una microhistoria.  Son las teorías generales las que le permiten conocer y comprender el contexto que iba a analizar a escala reducida.  Por su parte, en su recuperación de todos los detalles, la microhistoria permite al macrohistoriador comprender y complementar los estudios históricos generales e inscribir los estudios a escala reducida en los contextos generales y comprobar las teorías de la historia nacional con respecto a que ciertos hechos realmente no afectaron o no sucedieron en todos los lugares, pero tal vez sí en algunos.

 

          A raíz de estas comparaciones entre lo macro y lo micro se podrá apreciar la diferencia que separa al pueblo de las vanguardias nacionales y estatales; para medir los trastornos que han afectado a los pueblos, es indispensable referirse a estos sucesos. Por tal motivo Luis González, antes de reseñar en cada periodo los minúsculos acontecimientos de la vida local,  esboza los sucesos mayúsculos de la vida nacional de México y los medianos de la existencia regional michoacana.

 

·         Relaciones microhistoria-geografía. La geografía es indispensable en un estudio microhistórico. Para la ubicación del pueblo y su contexto general, Luis González emplea mapas diversos y hace referencias a estudios regionales que permiten comprender diferentes aspectos de la vida local.

·         Relaciones microhistoria- arqueología. La arqueología es otro medio para adquirir información especial y característica del pueblo.  A él le permitió realizar comparaciones entre ciertos utensilios de cocina primitivos con los actuales.  Los elementos con que trabaja el arqueólogo, arrojan información que permite interpretar la vida que había antes y compararla con la del presente.

·         Relaciones microhistoria- economía. Los estudios económicos son vitales para la comprensión de una época.  En este caso, el autor fue evaluando el progreso al hacer un análisis histórico de la producción característica de ese lugar (la fuente económica del pueblo se basaba en la venta de leche y queso).

·         Relaciones microhistoria-sociología. Este es un punto muy importante ya que Luis González analizó múltiples elementos que caracterizaron a la sociedad particular de este pueblo, como por ejemplo, los procesos que sufrió la población josefina, su incremento demográfico, y la relación entre ellos.

·         Relaciones microhistoria-antropología. Con respecto a la antropología,  ésta le permitió comprender las relaciones cultura-comportamiento de las personas, sus antecedentes y rasgos culturales característicos.

 

          En el proceso de Investigación, el historiador utilizó diversas técnicas muy importantes, características de la microhistoria, que le permitieron elaborar una memoria colectiva.

-   La triangulación, que empleó en el momento de la confrontación, comprobación e interpretación de las fuentes de información que adquirió en el transcurso de la investigación.

-   La observación analítica, que emplea, por ejemplo, para detallar con exactitud ciertas descripciones del pueblo en general.

-  La reducción de escala, que le permite percibir y comprender la historia oficial desde un contexto particular.

-  La descripción densa, que le permite explicar minuciosamente los acontecimientos suscitados dentro del contexto. Este elemento es característico de la antropología en el método etnográfico.

-    El estudio intensivo del material.  Llega incluso, a revisar minuciosamente un cuaderno de cuentas llevado por su madre durante 60 años. Para datos referentes a la situación económica, utiliza el cuaderno de cuentas del difunto Don José Dolores Pulido.

-    Diversas técnicas de investigación social. Utiliza las entrevistas de tipo “abiertas”.  O sea que no utiliza cuestionarios sino que mantiene un diálogo con las personas.  De esos diálogos van surgiendo numerosos temas de interés o temas que él conocía por el hecho de ser originario del pueblo de San José de Gracia.

-    La historia oral, constituida por los testimonios de los sujetos con que habló González para delimitar y analizar las perspectivas de la población de San José de Gracia. Uno de los grandes testimonios que recupera, es el de su propio padre, Luis González Cárdenas.

-    El método biográfico, utilizado para describir personajes relevantes de esa época, y conocer más sobre su vida privada. Estas biografías le permiten segmentar a la sociedad de acuerdo a sus jerarquías.

-  La autobiografía, por medio de la cual algunos personajes narran sus anécdotas propias. Esto le sirve mucho a González para detallar a profundidad los efectos del cambio que sufrieron los individuos.

 

          Paralelamente con el uso de métodos y técnicas, se lanza a buscar información escrita y materiales gráficos que arrojen más datos para esa memoria colectiva.  Busca en el Archivo General de la Nación; en el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización; en la Confederación Nacional Campesina; en los Archivos de Notarias y Judicial de Jiquilpan, en los municipales de Sahuayo y de San José de Gracia, en los parroquiales de Sahuayo, Cojumatlan, Mazamitla y San José (esto fueron los documentos de mayor utilidad ya que incluían la historia de San José de Gracia) y en media docena de archivos particulares (entre ellos y los más relevantes para Luis González, fueron los archivos particulares de su madre, Josefina González Cárdenas, quien conservaba papeles de diversa índole, desde su cuaderno de gastos hasta papeles relativos a las asociaciones devotas de la localidad y diversa correspondencia).

 

          Toda esta documentación reunida, le permite realizar la triangulación con los testimonios, para obtener información más confiable, fiel y veraz.  De igual manera, le permite describir e interpretar adecuadamente la información. Estos elementos también son un atractivo para el lector.

 

          Además de los mapas que emplea, según ya señalamos, en el libro también se emplean fotografías que el autor utiliza no sólo para presentar a los personajes característicos de ese tiempo, sino para analizar el tiempo pasado tanto por los hombres como por el pueblo de San José de Gracia.

 

          Viqueira hace referencia a una foto particular, que no se incluyó en todas las ediciones de Pueblo en vilo: aquella en la que aparece el presidente Cárdenas con una cerveza en la mano izquierda, conversando confianzudamente con un josefino, en el patio de una casa, probablemente la del Padre Federico. Esta Imagen sirve para sintetizar las diversas virtudes de la microhistoria gonzaliana, ya que esta foto, en particular, representa una imagen de Cárdenas, donde aparece como un hombre común, que platica a gusto, departiendo con los amigos, sin tensiones. Este perfil  no encaja con la imagen de bronce con que se representa a un presidente en la historia nacional.

Image 

 

Image 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Luis González dejó un relato magnífico de la visita del presidente Lázaro Cárdenas a San José de Gracia, en 1940: “Un sorprendente contacto directo entre la cima de la comunidad-Estado y la comunidad josefina... (que) da lugar a una catarsis colectiva que abre las puertas de la reconciliación, de la paz social y del desarrollo de San José de Gracia.”[6]

 

          ¿Qué problemas enfrentó Luis González a la hora de realizar su trabajo? Uno de los principales fue que las fuentes de información se habían extraviado a causa de los descuidos de los archivos locales y regionales, lo cual dificultó la interpretación y comprobación de la información.

 

          La relevancia que en materia de contenido histórico y de metodología historiográfica ha tenido Pueblo en vilo, queda evidenciada en esta cifra: del libro se han vendido casi 65,000 ejemplares en español. No se cuentan las ediciones en inglés y francés. Admirado por Carlo Ginzburg, este texto, que González ha concebido como la historia universal de San José de Gracia, se puede poner al nivel de las otras microhistorias especializadas que se han trabajado en distintas partes del mundo.  Sin embargo, el texto es inimitable porque como también dice Viqueira: “el oficio de historiar –o más precisamente, el de microhistoriar– puede, mal que bien, transmitirse y aprenderse; pero el arte gonzaliano de microhistoriar no admite imitadores. La copia servil lo degrada irremediablemente. Cada microhistoriador debe crear su propio estilo”.[7]

 

          Para nosotros, como futuros profesionales de la intervención social, cultural y educativa, esta investigación social es un claro ejemplo de cómo realizar una indagación a profundidad, considerando la interdisciplinariedad que debe caracterizar a las ciencias sociales.  Es también un ejemplo de cómo es posible la comprensión de lo general desde lo particular y de lo particular desde lo general.

 

          ¿Qué es lo que nos ha demostrado este texto?  Aparte del placer de su lectura, el hecho de que el comparar y comprobar la historia nacional con la microhistoria a escala reducida nos permite reinterpretar y darle otro sentido a la historia oficial.  Es decir: la microhistoria nos proporciona otro panorama de la realidad nacional.

 

 

 

Bibliografía

GONZÁLEZ y González, Luis.  Pueblo en vilo. El Colegio de México, México, 1972.

 

LEVI, Giovanni. “Sobre microhistoria”. BURKE, Peter (ed.). Formas de hacer Historia. Alianza Editorial, Madrid, 1993, pp. 119-143. (Tomado de la Antología Bloque 1, de la asignatura Desarrollo Regional y  Microhistoria, LIE, UPN 112, Celaya, México, febrero-junio 2008).

 

VIQUEIRA, Juan Pedro. “Todo es microhistoria”. Letras Libres, México, mayo 2008. (Versión editada por la cátedra Desarrollo Regional y Microhistoria, LIE, UPN 112, Celaya, México, p.5).



[1]  Juan Pedro Viqueira. “Todo es microhistoria”. Letras Libres. México, mayo 2008. (Versión editada por la cátedra Desarrollo Regional y Microhistoria, LIE, UPN 112, Celaya, México, p.5).

 

[2]  Luis González y González.  Pueblo en vilo. El Colegio de México. México, 1972, p.2.

[3] Juan Pedro Viqueira. Op. cit., p. 6.

 

[4]  Idem, p. 12.

[5] Viqueira se refiere al texto editado en Zamora por El Colegio de Michoacán en 1999 (2ª. ed. corregida y aumentada).

 

[6]  Juan Pedro Viqueira.  Op. cit., p. 10.

[7]  Idem, p. 11.